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PERO … ¿TÚ DIJISTE QUE NO?

  • Foto del escritor: FemiBlogs FeminUN
    FemiBlogs FeminUN
  • 1 may 2021
  • 3 min de lectura

El presente artículo no refleja las opiniones del grupo estudiantil FeminUN, sino de sus respectivos autores.



Fuente: Instagram (@onumujerescol)


Las Naciones Unidas demostraron que cada año más de 50.000 mujeres son asesinadas por motivos de violencia de género y relaciones familiares, donde generalmente se practica violencia física, psicológica y sexual. No está de más aclarar que estos tipos de violencia no tratan de dañar a la mujer sino de controlarlas y someterlas a las normas impuestas por el agresor (Lorente, 2020). El acoso o abuso sexual es un tema que ha ido adquiriendo cada vez más protagonismo en la sociedad. Este representa una de las múltiples formas en las que las personas, en su mayoría mujeres, se han visto violentadas a través del tiempo. De acuerdo con Planned Parenthood (s.f.), la agresión o abuso sexual es cualquier contacto sexual no deseado, por lo que la persona que ha sido violentada sexualmente no da su consentimiento por razones de edad, discapacidad, niveles de intoxicación (Victim Connect, s.f.), u otras razones como la presión social. Esta última hace referencia a que las condiciones anteriores pueden estar de manera igualitaria en los sujetos, y éste puede retractarse en su decisión y debe respetarse.


Por tanto, si alguien toca tus pechos, gluteos o partes íntimas sin tu consentimiento, te enseñe u obligue a tocar sus genitales o penetre tu cuerpo con algún objeto, frote sus genitales contra alguna parte de tu cuerpo (como suele suceder en lugares con mucha aglomeración, como en el transporte público), te fuerce a practicar cualquier acto de tipo sexual en contra de tu voluntad, o realice actos mientras te encuentras en situación de vulnerabilidad (por efectos del alcohol o drogas) y/o te fuerce a besarlo, es agresión sexual (Planned Parenthood, s.f.).


Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2005, citado en Cifuentes, 2015), de las mujeres encuestadas que fueron víctimas de violencia sexual, entre el 6 y el 59% reportaron haber sido agredidas por su pareja, y el 12% fueron víctimas de violencia sexual luego de los 15 años, aunque es importante reconocer que personas pertenecientes a la población LGBTI, hombres y ancianos también sufren de violencia sexual (Cifuentes, 2015). No está de más decir que la mayoría de las mujeres en Colombia sufren este fenómeno en sus hogares (8.4%), ámbitos comunitarios (16.6%), ámbito escolar (2.1%) y en terreno laboral (1.1%). El Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses del país expresó en el 2008 que solo en ese año se presentaron 1572 víctimas de abuso sexual, 52 al día, 2 valoraciones cada hora (Larrotta y Rangel-Noriega, 2013).


Los abusos sexuales, sobre todo si se presentan en primeras etapas de la vida, pueden causar diferentes consecuencias en las víctimas. Entre algunas de las consecuencias en la parte psicológica se encuentran las pesadillas, miedos, desórdenes alimenticios, estrés postraumático, depresión, conductas regresivas, conductas sexuales inapropiadas, agresividad, delincuencia, problemas de aprendizaje y de autoestima (Cifuentes, 2015). Además, también puede afectar el desarrollo psicosocial de la persona, con repercusiones en la conducta futura. Es usual que en las mujeres se reflejen más en síntomas de estrés postraumático (Cortina & Pimlott, 2006, citado en Cifuentes, 2015). Los diferentes trastornos o sintomatologías afectan directamente a la persona y puede llegar a perjudicar diferentes ámbitos de su vida y a las personas más cercanas.


Por último, como consecuencia del patriarcado y del machismo, la conducta de muchos hombres se han visto influenciada por esta cultura de agresión, lo cual resulta de las ideas erróneas que quieren hacer creer que “cuando una mujer dice que no, en realidad significa que sí”, que “el hombre es quien debe tener control sobre la mujer”, o que “si una mujer iba vestida de tal manera o si estaba en estado de ebriedad, ella fue la culpable de ser agredida”. Es importante resaltar que, sin importar quien haya sido la persona que realizó la agresión, o factores como la vestimenta o el estado en el que se encontraba la víctima, ésta nunca va a ser la responsable de su ataque. Además, la realización de cualquier acto de índole sexual debe ser consentido por ambas partes involucradas, aún si una de ellas inicialmente acepta pero luego se arrepiente; esta decisión debe ser aceptada con respeto y se debe comprender que NO es NO.


Referencias

Cifuentes, S. (2015). Exámenes médico legales por presunto delito sexual. Colombia, 2015. Grupo Centro de Referencia Nacional sobre Violencia. Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses. https://www.medicinalegal.gov.co/documents/20143/49523/Violencia+sexual.pdf

Larrota, R. y Rangel-Noriega, K. (2013). El agresor sexual. Aproximación teórica a su caracterización. Informes Psicológicos, 13(2), 103-120. https://revistas.upb.edu.co/index.php/informespsicologicos/article/view/1502/1311

Lorente-Acosta, M. (2020). Violencia de género en tiempos de pandemia y confinamiento. Revista Española de Medicina Legal, 46(3), 139-145. https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0377473220300250

Victim Connect. (s.f.). Agresión Sexual. Victim Connect Resource Center. https://victimconnect.org/tipos-de-delitos/agresion-sexual/?lang=es


Escrito por:


María Angeles Charris

Catalina Frías

William Jácome

Lida Rodríguez

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