Entre rizos
- FemiBlogs FeminUN
- 20 may
- 2 min de lectura
Autora: María Alejandra Lora Payares
Ser mujer y ser negra en una sociedad del siglo XXI, es especialmente difícil para una niña que creció en espacios donde los estándares de belleza sólo son alcanzados por cabellos lisos. Tan planchados como la mentalidad de los adultos que la aluden al decirle “belleza exótica” o que es hermosa a pesar de su tez. Una belleza que se marchita si esa niña alza su voz, y exige respeto, porque “calladita, se ve más bonita”. Nunca debe de estar en desacuerdo con sus pares o mayores porque ellos tienen la verdad absoluta, sin importar si esa verdad no es más que cientos de años de imaginario racista colonialista.
Esa niña, seguirá creciendo y tal vez al inicio sólo cuestionará los “demonios” que lleva por dentro y por fuera. Tratará de encajar, se levantará mucho antes del primer canto del gallo, preparará su ritual para el cabello y alisará cada una de sus hebras rompiendo cada enlace de azufre que las une. Luego, escuchará comentarios donde ella será la protagonista de los chistes de sus compañeros porque claro, que sería de los “chistes” sin nombrar a una mujer negra. Para un día, levantarse de su cama y al estar cansada de alisar su cabello, dejar sus hebras ser libres. Pero ella no contaba que más libres serían las personas a su alrededor al tocar sus rizos.
Esa niña, dejará su niñez atrás y se convertirá en mujer. Una mujer que al estudiar se cuestionará sobre la sociedad en la que vive, una en la que sus luchas en muchas ocasiones pasan desapercibidas, aquella en la que uno de los mayores terrores de una mujer negra es pisar un hospital estando embarazada, sabiendo que el riesgo de muerte es de tres a cinco veces mayor en comparación con las mujeres blancas, que complicaciones como la eclampsia y la preeclampsia representan la mayor causa prevenible de mortalidad materna y estás muertes persisten sin distinguir niveles de ingresos o educación, quedando claro que se requieren espacios de emancipación liderados por y para mujeres negras, donde la interseccionalidad sea el pilar, para por fin derrocar el famoso “misogynoir” de Moya Bailey, y que así, sus rizos y los de todas las otras mujeres que la acompañan, puedan ser realmente libres.


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