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8M: SÍ ES para tanto

  • Foto del escritor: FemiBlogs FeminUN
    FemiBlogs FeminUN
  • 8 mar
  • 3 min de lectura

Autora: Manuela Morales


Hay frases que se repiten tanto que terminan sonando normales. Una de ellas es: “no es para tanto”.

Sentada frente a la hoja vacía, me pregunto cuáles son las palabras correctas para describir lo que significa hablar de un sufrimiento y recibir, a cambio, una mirada de desdén que responde justamente eso: que no es para tanto. Aún peor es ver cómo esa escena se repite una y otra vez en contextos distintos. El doctor cuando explicas tu dolor menstrual, tu compañero cuando le dices que la brecha salarial existe, o una institución cuando denuncias que fuiste abusada.

Cuando la verdad está en boca de una mujer, se exigen pruebas claras e irrefutables de todo. El testimonio, al parecer, es todo menos fiable. Ni las lágrimas en los ojos ni la marca psicológica que nunca se borrará parecen suficientes para garantizar que se dice la verdad.

¿Acaso se habla tanto de las chicas asesinadas en Malambo como de las que aparecieron en Cartagena? En ese caso, invito al lector a mirar entre líneas. ¿Es esto un ataque finamente calculado para desestimar la violencia contra las mujeres y permitir que estos actos atroces se cometan en silencio? ¿O es solo una muestra de cómo el machismo y el patriarcado nos han moldeado tanto que, sin darnos cuenta, seguimos reproduciendo los patrones que nos enseñaron?

Es imposible que sea la única que sienta que, a medida que avanza el tiempo, más retroceden las garantías de nuestros derechos. Sé que varias de las grandes feministas de la historia deben estar retorciéndose en sus tumbas al ver cómo candidatos presidenciales convierten en su caballo de batalla la posibilidad de permitir —o no— que una mujer aborte; reformulando la cuestión: quitarle la posibilidad de decidir sobre su propio cuerpo. Sinceramente, espero que alguno de los lectores también se sienta así.

Con todas esas ideas, lo único que me viene a la mente son las mujeres que murieron en una fábrica aquel 8 de marzo. Imagino cuánto me habría gustado estar a su lado y luchar junto a ellas. También imagino la decepción al mostrarles cómo tendencias como la “trad wife” o la “mujer de alto valor” intentan redefinir nuestro presente; cómo el derecho a opinar, por el que tanto lucharon, aún existe, pero al mismo tiempo avanza la fuerza que intenta arrebatárnoslo.

Pero claro, no es para tanto.

Claro que no es para tanto ver cómo las instituciones que deberían protegernos se hacen de oídos sordos. No importa cuán cruel sea la historia que escuchen: siempre parecerá más importante proteger al hombre a cargo que atender el dolor o la vivencia de una mujer.

Bueno, para no seguir avivando la rabia que llevo dentro, es obvio que para un hombre no es para tanto. Si jamás ha visto cómo su dolor es subestimado y reducido a un problema de hormonas sin siquiera revisarlo; si jamás ha trabajado como una mujer para recibir una paga miserable; si nunca le han arrebatado la dignidad ni aplastado su salud mental mediante el abuso. Claro que para ellos no es para tanto si no ven cómo la brecha aumenta y quienes pierden somos nosotras. Ellos solo ven que están ganando.

Lo que no tienen en cuenta es que seguiremos luchando por todas y cada una, hasta que el cuerpo aguante. Y si de algo sabemos, es de aguantar.

Sé que la esperanza no está perdida. Puede que ellos estén ganando en este momento, pero si algo ha demostrado la historia es que no nos pueden detener. No importa cuán grande sea la institución ni la isla de la que alguien se crea dueño. Nosotras siempre encontramos una manera de cambiar la situación.

Por eso hay que salir y gritar. Hay que señalar y exponer, con la esperanza de que, si la sociedad ve lo que intentan esconder, enfrenten las consecuencias. Pero, sobre todo, para que quienes sostienen esas ideas retorcidas ya no puedan seguir llevándolas a cabo en silencio.

Porque aquello que durante tanto tiempo dijeron que no era para tanto, siempre lo fue.

 
 
 

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