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Crónica

  • Foto del escritor: FemiBlogs FeminUN
    FemiBlogs FeminUN
  • 22 mar 2025
  • 3 min de lectura

Editora: Gabriela Lisieux

Autor: Anónimo


Desde el principio, nunca fui yo, nunca fuimos nosotros, fueron ellas. “¿qué son?”, me preguntó y yo le respondí: “caminantes”. Escuché: “Nos hemos pintado, nos hemos retratado, le hemos dado color, pues ¿qué se es, sino púrpura?”. En su cara está su retrato, fue lo que sentí, fue lo que vi, es el trazo de sus retratos.  

Al recorrer el ayer –soy hombre/ ¿hambre? - la cordura varonil me sonsacó y el espíritu reverberante desató mis temores y quizás las verdades no dichas y el llanto de la discordia; mi existencia quedó nula -soy hombre-.

Dante ha abierto las puertas y Teresita Gómez junto a Marvel Moreno le profesaron en su enmienda con tal alegoría diciendo: “Hemos pecado en nuestros nombres, hemos reivindicado lo profano, ahora es mi invención” Al oler del azufre dicen que tambaleé; en verdad fueron los carruajes que se detuvieron y a su pasar ante la existencia de ellas se doblegaron. Me doblegué.

La he visto, mientras tambaleo. Lo viste, lo porta; es el verde con el púrpura, permitiéndose ser para descolocar al orden. Su mano se peca a sí misma, no porta la cacha, ni le existe para sí, no es y no será. ¿Qué es la patria?, se tomó de la mano y solo observa, apaciguada y confusa; las vestimentas le asfixian, mientras la sangre cae gota a gota.

-Soy sujeto hombre-.

Ellas se reconocen, ¿dónde quedó la categoría ser-ser humano?, ¿acaso dio de comer la costilla al sufrido y se embadurnó a sí misma? ¿qué han sido todo este tiempo? Camino y me extienden la mano, mientras sus ojos se petrifican en lo inconcebible. Ellas entonan, jadean, hacen de la bulla un cantar. El reconocimiento es imperativo.

Llegan para quedarse.

El sol enceguece y desvanece a lo que a su paso le es cómodo, existencia residual, y asi mismo aquello que le es permisible.

¿Y ellas?, están para inquietar, para incomodar. Están para revertir la anulación.

 

Una sonrisa que resiste.

 

El poder se les avasalla. Es momento. Guayaberas callan, las han traicionado y aún creen poder mentirles -a ellas-.

Siguen esperando, no se van hasta que estén todas. Enaltecen a la eterna caminante, a la que se carga la farsa de la historia, aquella cercenada. Ella ha venido para deconstruir (de-construir).

El (él) sujeto -como yo- le mira y le observa, se postra semidesnudo, mientras chimenea por su boca. Ella le pasa. Le escupe. Le mira. Le afronta. Alza su cabeza. Ella lo engillotinó, ahora es él, perpetuo, irresuelto, des-hecho. Huye de sí mismo. Es ella, quien lo acojona y lo crucifica con sus palabras.

Recitan a su propia poesía y citan la contracorriente; hay que reformar, esto es un sistema patriarcal. Abortar, abortar al macho del sistema patriarcal.

 Les preguntan: “¿y el otro?”. Ellas responden “¿y las otras?”. Él se harta. Respira. Ella le inquieta, diciendo: “¿cuántas mueren en cada respiro?”. Ellas declaman: “¿y las otras?”.

Yo -sujeto hombre- entro en crisis, ahora me cuestiono: “¿por qué se es indiferente?”.

Ellas se siguen moviendo, al “bom” de la marcha. Tambores irrumpen. El silencio y la melodía existen por y para ellas. ¡Cállense, cállense! Sujetos -como ¿yo? - murmuran, salivan, pistean. De repente el habla no les da ni para con ellos mismos.

Camino a la distancia. Lapiceo al murmullo de mi desencuentro. La Hermandad fue raptada - ¿o fue devuelta? - De ellas solo quedó una atrás. Han deconstruido todo. Son todas o nada. Sus brazos se han estirado. Van y vuelven. Volverán.

Hay polvo morado.

“Les han sembrado miedo, les han crecido alas”.

Han tomado el miedo de la mano. La historia las desentiende. Su andar es verso que golpea. Dios les teme. La mar las aviva. El enojo no se consume. Las abraza.

Ellas se mueven, yo he caído.

Porque su cuerpo no se toca. Son poseedoras de sí mismas. Le son para consigo mismas; el llanto se apodera, siempre ha sido poder. Vivas, se quieren vivas. ¿Valentina, Giselle, Carolina?

Han tomado el -su- pedestal. ¡Atrás, atrás!

Se miran a sí mismas. Se toman de la mano. El ayer doliente les abraza. Les sonríe.

Para sus piernas sus brazos, para sus brazos sus bocas, para sus bocas sus conciencias, para sus conciencias sus espíritus y para sus espíritus la eternidad. La posteridad es su amiga.

 

Al llanto.

A la alegría.

A La tristeza.

Al enojo.

A la confusión.

Al sufrimiento.

Al maltrato.

Al juicio.

A la incomprensión.

A la perdida.

 

La Hermandad ha sido devuelta.

Ellas se abrazan, se amalgaman. Lloran y bailan al devenir para postrarse ante su amiga, la posteridad. El imperativo es perrear.

 

Justicia.

Verdad.

No importa, hoy todo se profana.

Les duelen sus hermanas -su Hermandad-.

Ellas sonríen.

Ellas gritan.

Ellas lloran.

Son ellas.

El ahora son ellas.

 
 
 

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