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De la ceniza al grito: Mujeres migrantes que renacen como Fénix

  • Foto del escritor: FemiBlogs FeminUN
    FemiBlogs FeminUN
  • 1 sept 2025
  • 3 min de lectura

Por: Esteban Pereira y María Céspedes

El fénix es un ave mitológica capaz de renacer de sus propias cenizas, esta simboliza el resurgimiento, la resiliencia y la inmortalidad, nada alejado de lo que es una mujer migrante. Este blog surge de una conversación inspiradora con la profesora Angélica Rodríguez, una mujer que ha investigado a la mujer migrante desde su cotidianidad, una realidad que pocos se atreven a conocer.


Partiendo del auge de los gobiernos de ultraderecha alrededor del mundo  y el impacto de sus políticas migratorias restrictivas, tomamos el caso del gobierno Trump para analizar cómo estas narrativas apuntan a un objetivo claro: la deshumanización y estigmatización hacia el migrante en un sentido abstracto, el migrante sólo puede ser visto como un enemigo, una amenaza que en cualquier momento puede atacar. Lo cual, obstaculiza abordar la migración desde un enfoque humanitario que garantice condiciones mínimas para el migrante. 


En este sentido, el caso de la mujer migrante es mucho más complejo y debe ser abordado con pinzas, la mujer suele migrar con sus hijos, familiares cercanos o miembros de su comunidad, lo cual establece efectos colectivos y aumenta su nivel de vulnerabilidad. Por otro lado, las medidas superficiales de los gobiernos no solo no detienen los flujos migratorios, sino que también aumentan la susceptibilidad y precariedad para la mujer migrante, exponiéndola a rutas clandestinas como el Tapón del Darién en las que pueden ser víctimas de actores armados, redes de trata o violencia sexual. Sumado esto, la estructura patriarcal juzga duramente a las mujeres migrantes por ‘abandonar’ el cuidado del hogar, cuestionándolas con frases como "¿por qué no se quedó cuidando a sus hijos?", limitando el rol de la mujer al del cuidado del hogar y desconociendo los retos que enfrentan las mujeres migrantes.


Por otra parte, a menudo se cuestiona injustamente la labor de los movimientos feministas con frases como “¿ Y dónde están las feministas?, que circulan en redes sociales y buscan invisibilizar su trabajo, tratándolas con tono burlesco como si fueran figuras míticas a resolverlo todo. Sin embargo, lejos de desaparecer, los movimientos feministas han estado siempre presentes, alzando la voz por las injusticias y en este caso han redoblado esfuerzos en torno a la defensa de las mujeres migrantes. Su accionar ha sido clave en procesos pedagógicos sobre los derechos de estas mujeres, hasta campañas por el acceso a la salud, la planificación familiar y la visibilización de sus realidades. Las feministas han estado ahí, actuando donde los Estados muchas veces solo han respondido con medidas superficiales. Tal como lo señala la investigadora entrevistada, se debe dejar de ver la migración como un problema y entenderla como un fenómeno que siempre va a ocurrir y que es algo colectivo donde la ciudadanía siempre tendrá un papel importante: Educarse, informarse y muy importante, dejar de reproducir discursos que criminalizan a quienes migran en busca de una mejor vida, especialmente cuando se trata de mujeres.


Frente a todo este panorama de estigmatización y una violencia estructural, emerge la figura de la mujer migrante como un ave fénix. Pues es una mujer que no solo sobrevive sino que reconstruye su vida desde las cenizas de la marginalidad y el desarraigo. A pesar de las múltiples barreras a las que deben enfrentarse, la mujer migrante se ha convertido en un agente transformador, ellas no solamente sostienen a sus familias pues también se han encargado de liderar procesos comunitarios, sociales e incluso políticos.

Esta resiliencia de ellas es una respuesta valiente y poderosa frente a las injusticias que deben enfrentar. Ellas tienen una fuerza que no solo desafía el dolor, sino que lo transforma en lucha, en cuidado, en organización y en esperanza. Reconocer esto es fundamental para dejar atrás las narrativas que las reducen, y comenzar a verlas en toda su complejidad, dignidad y potencia política.


En consecuencia a todo lo mencionado anteriormente, el papel de la sociedad es claro: debemos combatir la estigmatización hacia los migrantes, y se debe tener un enfoque de derechos humanos que responda a la dignidad de las personas. En particular, las mujeres que toman la decisión de migrar, deben dejar de ser juzgadas bajo una estructura patriarcal que desconoce sus realidades y minimiza su papel como migrantes. Esta estructura no solo reduce sus experiencias a una supuesta “falta” en su rol tradicional de cuidadoras, sino que también ignora los múltiples factores que las empujan a emigrar: la violencia, la pobreza, la persecución, la búsqueda de una vida digna para ellas y sus familias.

Entender la realidad de las mujeres migrantes y toda su complejidad implica también escucharlas, crear políticas que respondan a sus necesidades reales, y construir una sociedad más empática y consciente del valor que tienen sus aportes.

Reconocer la fuerza de la mujer migrante es dar un paso hacia una sociedad más justa: una donde migrar no sea sinónimo de peligro o castigo, sino de valentía, autonomía y una búsqueda de dignidad.

 
 
 

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