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¡Eso no es de niños!

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    FemiBlogs FeminUN
  • 18 may 2024
  • 3 min de lectura

Rompiendo estereotipos: el rol de los educadores contra el machismo.

Por: Andrea Nuñez y Nicolás Viloria

¿En cuantos lugares hemos visto violencias basadas en género? ¿Cuántas de esas personas victimarias han sido justificadas por el sistema cisheteropatriarcal? ¿Cuánta información recibimos de nuestras familias, amigos o entidades institucionales para poder manejar estas situaciones que nos han afectado a todxs? Precisamente, la educación en el contexto educativo es primordial para generar transformaciones sociales de alto impacto que permitan mejorar las dinámicas de las comunidades y construir la paz en todos los entornos restantes.

En el caso del entorno escolar, lamentablemente el machismo y la rigidez de los roles de género tradicionales han tenido un impacto significativo en la forma en que los estudiantes perciben y valoran lo femenino y las identidades de género no conformistas. Expresiones como “eso es cosa de niñas” no solo desvalorizan lo femenino, sino que también establecen límites restrictivos sobre lo que es aceptable para cada género. Aunque estas frases y actitudes puedan parecer inofensivas o triviales, en realidad contribuyen a una cultura escolar que marginaliza y desvaloriza a aquellas, aquellos y aquellxs que no se ajustan a las normas de género convencionales.

En este caso, vemos como herramienta promotora de la paz a la educación, en especial la infantil. Al analizar las dinámicas sociales en cuanto a las competencias ciudadanas y el género, encontramos la falta de empatía entre los estudiantes hacia lo que se considera femenino o las formas de sexo/géneros disidentes, especialmente en comunidades que no acceden fácilmente a esta información o que en el entorno hogar se promuevan sistemas machistas. Esta carencia de sensibilidad frente a la diversidad no solo refuerza estereotipos de género perjudiciales, sino que también perpetúa dinámicas de exclusión y discriminación en todos los entornos de las infancias y adolescencias. Por un lado, como educadores y pedagogos, tenemos la responsabilidad crucial de abordar y transformar estos conceptos erróneos y desinformados profundamente arraigados en nuestra cultura.

Por otro lado, desde la educación infantil, específicamente en la resolución pacífica de conflictos, se abordan directamente las raíces de la violencia y la discriminación, incluyendo las manifestaciones de machismo y la falta de empatía hacia lo femenino y las identidades de género diversas. Al enseñar a los niños a manejar sus emociones, comunicarse efectivamente y respetar las diferencias desde una edad temprana, los educadores pueden influir positivamente en su desarrollo emocional y social. De hecho, según Moriana (2017) “la Educación Infantil contribuirá a desarrollar en la infancia el aprendizaje en la resolución pacífica de conflictos”. (p. 274). Asimismo, desde un enfoque diferencial centrado en el género de manera pertinente al contexto y a las necesidades sociales, se necesita interiorizar los conceptos permeados (ej. Diferencias entre sexo y género, orientación sexual, identidad y expresión de género) para concienciar adecuadamente a las infancias de la existencia de las diversidades y lo que nos nutre como sociedad.

En conclusión, en esta época bisagra de la sociedad, es indispensable que la educación en las instituciones y en los actores que intervengan en la crianza de las infancias indaguen y actúen en cuanto a las problemáticas de violencias ligadas a la carencia de competencias ciudadanas a favor de la resolución de conflictos y a las violencias basadas en género promovidas por el machismo. Sin embargo, antes de adentrarnos en estos procesos de transformación social mencionados anteriormente, es prioritario la autorreflexión crítica de los agentes inmersos en estos campos para un aprendizaje más nutrido y colectivo. Aquí partimos del principio “no podemos dar lo que no tenemos”, en donde entendemos que no podemos concienciar a las poblaciones necesarias si nosotros no contamos con la iniciativa de deconstruirnos y reflexionar acerca de nuestros prejuicios alrededor del género. Luego de que tengamos las competencias básicas en cuanto al género y al impacto que tenemos en la sociedad, nos podemos sumergir a la construcción colectiva de sociedades más diversas

 
 
 

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