La ciencia a servicio del patriarcado: El imaginario de la histeria.
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- 15 nov 2024
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Por: Mariana Sánchez
“¡Estoy convencida de que para ella estoy enferma porque escribo!”, relata la autora Charlotte Perkins en su manuscrito El Papel Tapiz Amarillo, inspirado en su periodo de confinamiento en un ático el cual le fue impuesto como tratamiento para sus “tendencias histéricas”, diagnóstico que le fue dado para lo que hoy en día sería considerada una depresión postparto. Tal como Charlotte, miles de mujeres hasta hace menos de un siglo fueron diagnosticadas erróneamente bajo el nombre de “histeria” al demostrar síntomas de nerviosismo, depresión, ansiedad o indicios de desórdenes disociativos. Esta etiqueta se utilizó históricamente como una herramienta de opresión patriarcal, considerándose hasta el siglo XIX como la enfermedad femenina por excelencia; justificó la creencia general que veía a la mujer como un ser física y teleológicamente inferior al hombre, una criatura defectiva que no se encuentra en control de sus instintos.
Las primeras menciones de la histeria se remontan hacia el año 1900 a.C en el Antiguo Egipto, donde se identificó como causa de este desorden “movimientos espontáneos del útero” a través del cuerpo femenino. A partir de ahí, Hipócrates en la Grecia del siglo 5 a.C, considerado el padre de la medicina, nombra la histeria a partir del vocablo hysteron (útero), y describe que el cuerpo de la mujer generaba toxinas por sí solo y necesitaba de la unión con el hombre para que estas fueran expulsadas. Nuevamente, la mujer es vista como un ser sin propósito propio fuera de su contraparte masculina.
Esta doctrina es reproducida hasta la Europa medieval, en la que a partir del siglo XIII la Inquisición relaciona las manifestaciones de enfermedades mentales como conexiones entre la mujer y el Demonio. Miles de mujeres fueron sometidas a exorcismos e incluso ejecutadas al ser asociadas con la brujería.
Solo en el siglo XVIII se comenzó a entender la histeria como un fenómeno psicológico ocasionado por los cambios acelerados de la vida social en la edad moderna, y se asigna como tratamiento el encasillar a la mujer en su rol tradicional de la maternidad, alejándola de toda actividad intelectual que desafíe de las expectativas colectivas. Esto establece el precedente de nombrar por histéricas a mujeres que resistían el orden patriarcal y advocaron por causas como el divorcio, la educación y el voto femenino.
Entender que la histeria llega a ser eliminada del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales recién en 1980, nos motiva a desafiar ideologías forjadas alrededor de la idea de un cuerpo femenino fundamentalmente irregular y más difícil de tratar que el del hombre que a día de hoy continúan inmiscuyéndose al hablar de salud en la mujer.
Referencias
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