La pluma de lo femenino y de lo siniestro: Una revisión al horror contemporáneo escrito por mujeres latinoamericanas
- FemiBlogs FeminUN
- 27 nov 2024
- 3 min de lectura
Por: Marycarmen Linares
“Las quemas las hacen los hombres, chiquita. Siempre nos quemaron. Ahora nos quemamos nosotras. Pero no nos vamos a morir: vamos a mostrar nuestras cicatrices.”
Mariana Enríquez.
Alguna vez leí que todas escribimos acerca de nuestras obsesiones. Y que, muchas de esas obsesiones, no son sino la desembocadura de aquello que nos ha atravesado profunda e irremediablemente. Existe una prosa borboteando cuán sangre coagulada en cada pluma femenina.Quizás tenemos saliva de tinta y cuerpos esculpidos por nuestras vivencias. Así, las oraciones se vuelcan desde la belleza de lo sublime, del horror de lo impensable. Hay venas perversas como líneas filosas perforándonos las entrañas y carne masticada por la cotidianidad, hecha de pliegues mortecinos y de borgoña explosivo. Así como también, hay vísceras manando y violencia que yace debajo de las sábanas. Y, de repente, todo se tornó carmesí.
Cuando del terror se trata, el imaginario colectivo se limita a erizarse al evocar espectros fantasmagóricos y criaturas tenebrosas con fauces puntiagudas. Sin embargo, este se instala en nuestros lechos como un perverso compañero íntimo, que rasga en jirones los mantos protectores y las pieles rugosas. El horror se cuela por las grietas del hogar, debajo de las alfombrillas y adoptando un asiento en la mesa del comedor. Es debido a ello, que múltiples mujeres empezaron a escribirse; escribirse desde una mirilla oscura, sosteniéndole la mirada al pavor paralizante de verse a través de sus obsesiones. Escritoras provenientes de diversos países de Latinoamérica vociferaron un rugido hambriento y desaforado en colectividad. Ellas mismas se obsesionaron, se desmenuzaron, frente a un sistema armado hasta los dientes y una violencia recurrente que trasciende a una mera visita demoníaca.
Así pues, la pluma femenina se erigió como un puño en la palestra. Se convirtió en las columnas vertebrales de otras tantas, cuyos terrores las acompañan desde cerca y cuyas vísceras desperdigadas en el suelo parecían ignorarse. De acuerdo con María Fernanda Ampuero (2022) la anatomía de la venganza, de la desigualdad social, de la incomprensión y del recelo como mujeres no solo nos configura en la individualidad, sino en la multiplicidad de experiencias —“sin embargo, esas tripas no son mías”—. Debido a esta revelación, la monstruosidad acogió otra cara y se ciñó en la rutina, permitiéndonos sentirnos obsesivas y dolientes, y sonar como un gorgoteo borgoña con tintes de denuncia y crítica.
Por otro lado, además de escribir acerca de las problemáticas sociales que nos aquejan, autoras como Mónica Ojeda, Fernanda Melchor y Samanta Schweblin se descompusieron en relatos terroríficos situados en la intimidad. Esto puso de manifiesto, una vez más, que el horror alberga los matices escarlatas de las costumbres de un hogar. Según Mónica Ojeda (2021), el verdadero terror reside en percatarse que, donde a priori deberías ser amado y amparado por tus allegados, corres un ineludible peligro. De la misma manera, apunta que la mayoría de los episodios de violencia que padecemos las mujeres tienen lugar en nuestras propias casas.
En definitiva, las mujeres nos hemos escrito incansablemente al sabernos atravesadas. Es así, cómo nuestros terrores se versaron y obtuvieron los nombres de millones al convivir con los verdaderos monstruos humanizados. Y, de repente, fuimos carmesí de sangre y carmesí de lucha. Porque la pluma de lo femenino es dantesca y es real, y es en nuestras realidades donde el horror nos acecha.
Referencias
Ampuero, M. (2022). El terror que coquetea con la locura. Entrevista a María Fernanda
Ampuero / Entrevistada por Javier Ignacio Alarcón. Revista Contrapunto.
Ojeda, M. (2021). Mónica Ojeda: en la belleza extrema siempre hay una posibilidad de horror /
Entrevistada por Patricia Villarruel. Mundo Diners


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