¿Listas Paritarias o Patriarcales?
- FemiBlogs FeminUN
- 25 abr 2025
- 2 min de lectura
Por: Marta Oñoro
Hablar sobre la participación política de las mujeres en Colombia es reconocer una lucha que ha durado décadas, marcada por un sistema patriarcal que refleja una desigualdad histórica. A pesar de esto, se han logrado avances que han comenzado a transformar la esfera política del país. En Barranquilla y el Atlántico, donde las dinámicas y estructuras clientelistas complican la política de diferentes maneras, las mujeres continúan estableciendo precedentes con propuestas innovadoras, liderazgo, determinación, talento y una visión clara de transformación. Sin embargo, su presencia en los espacios de poder aún no representa una verdadera paridad.
La situación en Barranquilla es preocupante, ya que en las elecciones territoriales de 2023 para la Alcaldía del distrito no se presentó ni una sola candidata mujer. Esta ausencia no es una coincidencia, sino que refleja estructuras políticas profundamente masculinizadas, donde los liderazgos femeninos enfrentan múltiples sesgos de género: desde la falta de apoyo por parte de los partidos, hasta los estigmas y visiones tradicionales sobre el rol de las mujeres.
En este contexto, la ley 1475 de 2011 introdujo las listas cerradas con paridad de género como un posible mecanismo para promover la equidad en las inscripciones partidistas. Al establecer una alternancia de género en las listas de candidatos, se buscaba asegurar que las mujeres puedan ocupar lugares reales de elección, en lugar de ser relegadas a posiciones y/o cargos simbólicos o protocolares. Aunque esta ley establece una cuota mínima del 30% para uno de los géneros en las listas, este porcentaje aún contrasta con la realidad.
Aun así, ha sido un punto de partida significativo para abrir camino a la participación femenina en la política. Por ejemplo, en las elecciones legislativas de 2022, el 39,5% de las candidaturas al Congreso fueron ocupadas por mujeres, una cifra que supera la de 2018, aunque la representación efectiva sigue siendo baja: solo el 20,3% en las asambleas y el 19,7% en los concejos municipales.
Más allá de los números, lo que se necesita es un cambio estructural y de visión a futuro, Porque no se trata únicamente de contar cuántas mujeres hay en una lista o en una curul, sino de preguntarnos si estas mujeres tienen las condiciones reales para ejercer su liderazgo con autonomía, sin violencia, sin imposiciones y con las herramientas para hacer transformaciones reales e impactantes desde su experiencia y su perspectiva de género.
Es necesario soñar con una Colombia en la que, las mujeres, especialmente aquellas históricamente marginadas (mujeres negras, indígenas, trans) puedan tener acceso al poder y la representatividad sin renunciar a su identidad ni a sus luchas.
Las mujeres de Barranquilla, del Atlántico y de toda Colombia merecen no solo estar en las fotos protocolares del poder, sino ser quienes lo construyen, lo lideran y lo reinventan.


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