Manifiesto Contra la Violencia: Mujeres en Marcha
- FemiBlogs FeminUN
- 27 abr 2024
- 3 min de lectura
Actualizado: 2 may 2025
Por: Sara Ortega Meza
La historia de la humanidad está marcada.
Marcada por quienes siempre han sido los imparables vencedores, los machos alfas, los amos y señores. Esos quienes han escrito la cronología a su antojo y se han coronado como los protagonistas, los que han proyectado su sombra sobre una historia que no les pertenece en su totalidad. A pesar de esto, en cada escena, en cada acto, seres que silenciosamente tejen el destino de la vida han estado presentes: Las mujeres. Quienes han sido un soporte invisible, el pilar que sostiene el peso del mundo sobre sus hombros. Han sido, para muchos, heroínas intrépidas que han retado al destino con coraje y persistencia; mientras que, para otros, han sido villanas poderosas, por desafiar las expectativas impuestas con audacia y rebeldía.
Las mujeres son más que meros roles predefinidos. Somos mucho más que eso, somos la esencia misma de la existencia. Aunque intenten relegarnos al olvido, nuestra presencia perdura, indeleble en los archivos perdidos del tiempo, recordándoles que hemos existido siempre, y que lo seguiremos haciendo. Hemos resistido los embates de la violencia en todas sus formas, como un roble firme ante la tormenta implacable. A través del tiempo, hemos sabido pintar el camino con colores de esperanza y amor, desafiando las cadenas de la opresión con nuestra determinación.
Nos han agarrado por los tobillos desde nuestra infancia, impidiéndonos volar, impidiéndonos soñar. Tenemos impregnada en la cabeza una voz que con eco nos dice que debemos complacer siempre a los demás, así el otro nos esté robando el último aliento. Pero, bendecidas con el manto de nuestras madres, por el abrazo amoroso de nuestras compañeras o por nuestras ancestras que nos acompañan, hemos hallado refugio en nuestra unión; y en la búsqueda de nuestra reivindicación, descubrimos la verdad más profunda: no hay regalo más poderoso que el ser mujer. En cada mirada, en cada gesto de apoyo, se evidencia la esencia misma de la sororidad, magia que transforma la competencia en complicidad, la envidia en empatía, y la división en unidad. Más que compañeras de viaje, somos hermanas de corazón.
Sin embargo, hay que usar nuestras manos para, además de protegernos entre nosotras, incluir a cada ser humano en nuestro abrazo de solidaridad y compasión. Porque el corazón de nuestra lucha late por el anhelo profundo de un mundo donde todas, todos y todes sean honrados con los mismos derechos y la misma dignidad. En este día, anhelamos estar más cerca de esa realidad, que nuestras voces sean escuchadas y nuestras contribuciones valoradas como participantes plenos en la sinfonía de la sociedad. Que la discriminación, en todas sus formas y manifestaciones, se desvanezca y que cada paso que demos nos acerque un poco más a ese horizonte de libertad.
Una sociedad donde los oprimidos puedan existir sin el peso del temor constante a la amenaza de la muerte, donde la longitud de una falda no mida cuanto respeto merecemos, donde lo diferente sea celebrado en lugar de ser objeto de burla. Una sociedad donde la presión externa no haga que dejemos de alimentar a nuestros cuerpos, y donde no se nos juzgue por lo que poseemos, sino por la esencia de nuestros seres. Ese es el verdadero sueño.
El rechazo firme y decidido a formas de injusticia como el abuso sexual, la misoginia, la homofobia, el clasismo, el racismo y el capacitismo seguirá vigente en nuestra lucha, recordándonos que cada acto de opresión es un ultraje contra la dignidad inherente de todo ser humano. Cada persona merece no solo existir, sino florecer en un entorno de respeto y equidad.
Nos negamos a ser relegadas al margen de la historia, al silencio de la opresión. Con paso firme y voz elevada, afirmamos nuestra presencia y reclamamos nuestro derecho a ocupar el centro del escenario. Somos caperucitas decididas a desafiar al lobo, decididas a comérnoslo a él. Valientes aventureras dispuestas a enfrentar los desafíos de cien años de soledad, a escapar de la vorágine para poder presenciar las brisas de diciembre en nuestros rostros. En cada día por venir, mantendremos nuestras frentes en alto, erguidas y decididas, pues en esta narrativa de lucha y resistencia, ya no seremos meros personajes secundarios.



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