TODOS PIENSAN EN EL INGENIERO Y NO EN LA RUBIA
- FemiBlogs FeminUN
- 6 abr 2025
- 3 min de lectura
Por: Nicolás Viloria
Alguna vez estuve viendo ‘Adolescencia’ con mis papás y mi hermana. En el segundo capítulo, una mujer mencionó: cuando pasan casos de agresión, siempre ellos son los protagonistas. Ya sea una violación, un asesinato e incluso en cualquier noticia, nunca hablan de la víctima (mujer), sino del victimario (hombre). No sé por qué pensé en eso, pero lo primero que recordé fue a mis abuelos paternos.
Pensé en mi abuelo, ‘El Ingeniero’. El Ingeniero estudió toda su vida, trabajó desde joven y abandonó su infancia por conseguir dinero y sostener a la familia. Luego, se casó muy joven con mi abuela, ‘La Rubia’. El Ingeniero siempre fue reconocido por ser muy inteligente, sumamente inteligente para las matemáticas; fue contratado en todas las empresas a las que aplicaba; fue el modelo a seguir de su familia, el de mi papá, por ejemplo. El Ingeniero viajaba durante semanas y meses para conseguir dinero. Todos esperaban impacientemente por su llegada, porque nada era mejor que ver a un padre, a un esposo, a una figura paterna como él llegar cansado del trabajo y apoyarlo en lo que necesitara.
Ahora que han pasado los años, los hijos crecieron, se casaron y tuvieron familia; El Ingeniero se hizo abuelo, pero llegó con un regalo de la vida y la muerte: fue diagnosticado con el mal de Alzheimer. Primero, El Ingeniero comenzó a aferrarse a su computadora, a contar historias de su pasado difuso mientras olvidaba su presente tranquilo. Luego, comenzó a olvidar cómo usar la computadora; olvidó rostros, recuerdos, experiencias e historias. Olvidó a su esposa, La Rubia; a sus hijos (excepto a mi papá), a sus nietos (incluyéndome) y donde vivía.
El Ingeniero, reconocido por su mente racional y con corazón bondadoso, se transformó en su pasado, alguna vez patriarcal, violento, dominante y animal. Ahora, todos se preocupan aún más por El Ingeniero. Porque no fuese a lastimar a nadie, a salir de su casa corriendo a buscar un bus y regresar a casa de su madre en el barrio Las Nieves. Todos están muy preocupados por El Ingeniero y viven recordando su pasado, de aquel hombre que todos querían ser...
Ya hablamos de El Ingeniero, pero nadie, nadie nunca habla de La Rubia.
La Rubia se casó con El Ingeniero a temprana edad. La Rubia tuvo hijos y se encargó de cumplir roles paternos y maternos. La Rubia los criaba, trabajaba en ocasiones y perdía los estribos. La Rubia, agradecida por la bendición de Dios Todopoderoso que son sus hijos, también esperaba su primera bendición: a su esposo. La Rubia esperaba semanas y meses para ver a su esposo, abrazarlo y distribuirse las cargas. Pero ahora, La Rubia pasó de criar a sus hijos a criar a su esposo, El Ingeniero.
Todos hablan de las habilidades de El Ingeniero para arreglar motores enormes, pero nadie hablaba de La Rubia y sus habilidades prodigiosas para la cocina; sabía tejer y hacía muñecas sedosas como su cabello, rubio como el oro. La Rubia, a pesar de no tener todas las herramientas de cuidado, cuida y siente las emociones de su esposo, el que a veces no quiere comer o tiene un apetito voraz. Ella, diagnosticada con depresión, llora profundamente por el hombre que la vida le intercambió: de un trabajador sonriente y amable a un exigente viejo verde huyendo de su propio hogar; llora por la muerte de su segundo hijo, diagnosticado con un tumor en la cabeza. La Rubia que sufre en silencio y solo quiere ser escuchada, que sientan sus lágrimas dulces como su corazón esperando a ser abrazado por aquel hombre, por sus hijos, por sus nietos y por el padre que nunca pudo conocer.
Deberíamos hablar más de La Rubia. Ella quiere conversar y sentir su tristeza. Aunque no lo dice, quiere compartir cargas. La Rubia quiere amar y sentirse amada, que acaricien suavemente su cabello rubio y sedoso, como su piel esperando la calidez de tu cuerpo ajeno.
Escuchémosla, pues todos piensan en El Ingeniero y no en La Rubia.


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